“HAY UNA POLÍTICA DEL AVESTRUZ CON LA NIÑEZ: QUE VAYAN A SU CERRO Y MENDIGUEN ALLÁ”

Sacerdote católico, autor de varios libros, maestro de educación primaria y profesor en la Maestría de Políticas Sociales y Promoción de la Infancia de la UNMSM, Alejandro Cussiánovich es, además, fundador y promotor de movimientos de niños trabajadores. Su singular experiencia nos brinda una aproximación del tema de la niñez hoy
en el Perú.

El Apra en su Plan de Gobierno mencionó el tema de la niñez. En el discurso de 28 de julio también hubo alguna referencia, más bien rápida, aunque sin ninguna acción concreta. ¿Qué ha hecho el Apra en estos casi tres meses sobre este tema?
En relación al Plan, y esto lo conversamos públicamente con la persona encargada, hice una observación fundamental, que fue un tanto injusta de parte mía, pero que pude rectificar en la segunda oportunidad que nos encontramos. Mi apreciación tenía que ver con que el Apra decía que había que cambiar de nombre al Ministerio, lo que me parecía superficial y absolutamente maquillador y que lo que había que hacer era repensar todo el Plan Nacional de Acción por la Infancia, que ha tenido muchos vacíos, seguramente técnicamente bien elaborado, pero desfinanciado y que ha quedado en el papel.
Sin embargo, leyendo el Plan del Apra con mayor detención, no se trataba de un cambio de nombre, sino realmente repensar el Ministerio de la Mujer en relación a la infancia. Esto me pareció acertado como propuesta.

¿En qué consiste ese “repensar”?
El propio ministerio –el actual- revela una concepción de infancia trasnochada y retrasada en relación a los avances de las nuevas culturas de infancia. Meter la infancia entre las faldas de la mamá, es una manera de mantener una representación de dependencia y postergar la capacidad de ejercicio de ciudadanía de la infancia, no como este niño o aquella niña aislados, tomados uno por uno, sino como un fenómeno social. Esto es lo que debe cambiar. Este debate, que puede parecer un poco teórico, tiene implicaciones concretas en la interlocución que hay que tener con las instituciones de niños, sean éstas de escuelas, sociales, barriales o parroquiales.

¿Y se ha hecho algo al respecto?
Por lo que les escuché, el Apra apuntaba a algo más profundo, que sin embargo hasta el día de hoy no ha podido poner en práctica. Las cosas siguen, grosso modo, igual. La gerencia de infancia pasó a ser una subdirección bajo el halo de la familia. Volver a meter la infancia en la familia puede responder a una tendencia actual de repensar la familia como el lugar que es responsable de la infancia. Y la infancia, si la tomamos tal como la define la Convención sobre los Derechos del Niño, abarca desde el vientre de la madre hasta antes de cumplir los 18 años. Entonces hay algo ahí que no camina entre el concepto internacional adoptado y los matices de cada país. El Apra hasta ahora no ha tocado eso y esa fue una promesa de la campaña. Pero es entendible. Espero que la ministra tendrá el tiempo de hacerlo. Tú no puedes hacer una reorganización de un ministerio y cuatro meses después hacer otra. Hay que dar tiempo. Pero me gustaría saber si eso está formalmente explícito en las propuestas del Apra para repensar la problemática de la infancia y del ministerio que hoy es el que se encarga de afrontarla.

Dos cuestiones pueden indicar que no falta voluntad política de hacer algo en serio. Una refiere al reglamento de la ley de protección de la mendicidad que sí parece marcar el enfoque de derechos como central para entender el mandato de la ley. La otra refiere a entablar una relación de escucha a las propias organizaciones de infancia adolescencia. Esto hay que saludarlo.

Y los recursos para este sector, ¿cómo los ve?
Me parece que la asignación de recursos para el plan nacional de acción por la infancia no consta. Han metido evidentemente dinero, como ustedes comunicaban, en el programa “Juntos”. Pero el programa educación no ha subido comparativamente. Parece ser que el presupuesto para Educación y para Salud se mantienen por debajo de los estándares que se habían prometido.

¿Y el sector Educación tiene que ver directamente con la infancia no es así?
La escuela tiene que ver con los niños…Ëstos finalmente terminan cargando las deficiencias y limitaciones del sector y de nosotros los...profesores.

Los beneficiarios del programa “Juntos” asumen una serie de compromisos y dentro de ellos está justamente que los niños sean vacunados y vayan a la escuela.
Pero qué hacemos atendiendo a la primera infancia y dejando un hueco en la siguiente etapa de la vida de estas criaturas. Llegan a la primaria y ahí “suenan”. Está el abandono escolar, por ejemplo. Me parece bien que de 0 a 5 años sean atendidos, porque esa edad es vital, en nutrición y atención sanitaria, pero el ciclo es más largo. Es ahí donde cojeamos. Eso lleva a replantearse el tema del presupuesto nacional. Y esto se ha discutido con organizaciones de chicos. Ellos tienen que intervenir y hacer sentir su voz en el sentido que el presupuesto es insuficiente para lo que el propio plan se ha propuesto como metas de reducción de analfabetismo, de desnutrición, de la mortalidad infantil, etc.

Una segunda cosa que va a favor, a la que ya hemos aludido, porque está firmado por la actual ministra, es la reglamentación de la ley de protección del niño contra la mendicidad. En esa reglamentación han logrado quebrar ese tufo penalizador que tenía la ley Pease sobre la mendicidad. Se le reconoce al niño como sujeto de derechos, no obstante su condición de pobreza extrema y, además, levanta el sentido que quita formas de penalización que estaban previstas anteriormente.Pero nada de esto es una subvaloración de la familia y su rol en nuestras vidas.

Pero Alan García dijo en su discurso que no quiere tener niños en las calles. Lo mismo su candidato para Lima, Benedicto Jiménez…
El corte del discurso del 28 de julio fue un recetario, una cuestión inmediatista. No se habló de las grandes políticas. Pero la frase, porque fue una frase más que un tema, que soltó sobre infancia en las calles me pareció fatal. Porque si a eso añadimos la necesidad de un Sheriff para manejar Lima… entonces lo que puede venir es una nueva forma de represión, por parte de gobiernos locales o municipios, a través del Serenazgo o de la policía, para que todo adolescente que ande por las calles esté vetado y sea una presencia no deseable. Confío que no llegue a ser así.

Algunos distritos ponen señalizaciones donde dice “Prohibido mendigar”
Es una nueva manera de satanizarlos, como si fuera responsabilidad del que tiene que estirar la mano. Detrás hay el prejuicio de que el que estira la mano es un vago o un flojo o es alguien que no quiere trabajar y si trabaja le dicen “no puedes trabajar hasta tal edad y tienes que estar en la escuela”, incluso detrás de esa mano pedigüeña, puede estar la mano que te arremete, de roba o te golpea.

Es un pandemonio que requiere de una capacidad mucho más flexible, y creo que algo de esto ha mostrado el MIMDES sobre la mendicidad, pero lo que se puede venir es un tipo de limpieza social, que se ha producido en otros países de la Región, en la que quizá no haya matanzas, pero hay un tipo de represión. Hay niñas, esto nos consta, que han llegado embarazadas a presentar una queja y la policía las lleva a una institución. Es decir, la reinstitucionalización, que es la última ratio en el derecho que debe ser aplicado es la prima ratio, es decir, lo primero que se les ocurrió: hay que meterlos en el INABIF, el Hermelinda Carrera, etc. Este discurso que tuvo esta infeliz frase, quiero darle el beneficio de la buena intención: “No quisiéramos que ningún niño por las circunstancias esté forzado a salir a mendigar a las calles”.

¿Qué es lo que habría tenido que decir el presidente para que quede claro esto que Ud. menciona? ¿Cuál sería el peligro de no haber sido claro en este punto?
Lo que tendría que haber dicho, o complementado, es “sin embargo no los vamos a reprimir, ni vamos a aceptar que haya limpieza social, vamos a intentar responder a una necesidad”, y que no es la del niño en la calle, porque detrás de ese niño hay una familia de desocupados y detrás de esa familia hay una vivienda que no tiene agua ni desagüe. El niño es la última expresión de una cadena de dificultades. En ese sentido, me parece por corta y no explicada y descontextualizada -en el marco del conjunto de un discurso que no abordó los problemas del país-, esto puede quedar como una especie de tarea dejada a los serenazgos, a la policía y a la primera recurrir a la institucionalizción. Se sabe además, por lo menos yo lo escuché en una reunión de un nivel respetable, que había recursos, se habló de 36 millones de dólares, para crear casas para recoger a estos chicos en Lima y distritos que forman parte de Lima. Estas son políticas del siglo XVI, pero que calzan con el sentido común alimentado y difundido.

¿Se refiere a las casas de las que ha hablado en algún momento el candidato a la alcaldía por el Partido Aprista, Benedicto Jiménez?
Claro. Yo estoy ligando: no quiero niños en la calle, posiblemente habrá plata para crear más casas para recoger chicos, compulsivamente además, y el anuncio de un Sheriff que va a limpiar de delincuencia y mendigos. Pero yo no estoy hablando de un eventual peligro, sino la tendencia en los imaginarios sociales y los sentidos comunes y eso es lo que hay que evitar. Haciendo asistencia sin colocar una manera distinta de entender el fenómeno de infancia en este país, estamos liquidados. Pareciera que los niveles de inseguridad ciudadana a los que se ha llegado en la capital, justificaran el reflorecer de cierta conciencia autoritaria y militarista frente al desorden, al caos, al irrespeto generalizado. Por ello es delicado abordar temas como los que se pretende dar salida con Scherriffes.

¿En que consistiría esta manera distinta? ¿Por dónde iría?
Esta es una. El hecho de que no basta decir que el niño es sujeto de derechos, no basta decir que tiene derecho a organizarse, sino qué reconocimiento y qué capacidad tienen los gobiernos locales y las propias organizaciones de muchachos para exigir, como en el caso de Piura y Tumbes, donde 8 o 9 distritos, han hecho un reconocimiento público donde consta que son organizaciones de base de la comunidad. Esto no te soluciona los problemas, pero te da una capacidad de interrelacionarte con el resto de la sociedad que es muy distinto. Un ejemplo es Bogotá, donde está prohibido que los niños trabajen. No vas a ver tantos chicos en las calles, hasta las 7 de la noche. A partir de esa hora, salen a recoger basura, los ves por todos lados.

¿Entonces qué es lo que queremos? ¿”Clandestinizar” un fenómeno o abordarlo de otra manera? Los niños en situación de pobreza no son un botín ni para el Estado ni para la sociedad civil. Atender su deseo de participar, de ser escuchados, de ser comprendidos, puede ser indispensable para decidir política públicas mejor encaminadas. Pero nada se arregla seriamente de un día para otro.

Entonces esta manera diferente de abordar el problema no iría por tapar y esconder el problema con prohibiciones que hacen sentir mejor a los vecinos, pero no a los niños, sino más bien fomentar su participación…
Una nueva manera de entender la infancia tiene que ir de la mano, en primer lugar, de un reconocimiento para los chicos de su capacidad de intercambiar ideas con el conjunto de la sociedad. Con el presupuesto participativo hay una pequeña entrada, el problema es lograr que haya una capacidad de escucha y de co-decidir con otras organizaciones. Yo no creo que sólo porque los niños organizados presenten una propuesta tenga que ser aceptada. No. Hay que discutirla y tiene que confrontarse con otras, cosas que he visto en Brasil, donde los chicos discuten como regidores “honorarios” de la municipalidad su propuesta, de cómo se distribuye el presupuesto de la Prefectura, pero se tienen que confrontar con las propuestas de otros regidores.

No siempre tiene por qué hacerse caso a una propuesta que venga de los niños sólo porque viene de los niños. Ahí aprenden que la sociedad es una sociedad donde uno no gana siempre. Que aprendan que no por sacar el carnet donde diga “soy niño” les tienen que hacer caso en todo. Esa visión del niño como un tirano en la sociedad es la que hay que descartar. Esto se logra en la medida que se institucionaalice la participación de las nuevas generaciones en la vida política del país, empezando por lo local, lo regional, lo nacional.

¿El asistencialismo cómo juega su rol en esto?
Paradójicamente puede llevar a esta tiranía de la infancia. Hoy hay una inflación del discurso sobre la infancia. Soy niño y me tienes que dar. El niño está metido por todos lados. No es que ignoremos la presencia del niño, cuidado. ¿A quién le interesa en primer lugar la infancia? A los comerciantes. A los productores de toda la industria infantil. El niño sí aparece públicamente, como consumidor, en una sociedad como la que nos domina. Aquí no estamos planteando ni el niño-víctima ni el niño-consumidor, sino el niño que se va abriendo un espacio como ciudadano. Todo eso subyace a una emergencia y a una urgencia que tienen en este caso las autoridades políticas de demostrar que están preocupados y haciendo algo.

El asistencialismo, como el planteado por el candidato del Apra a la alcaldía de Lima, tendría que ser dejado de lado en todo caso…
No porque yo pongo 20 Casas del Petisos soluciono un problema de tal complejidad. Se nos va a escapar por todos lados, porque el problema no tiene que ver con el petiso que está en la calle, sino por qué está en la calle y es allí donde esta modificación a la ley, acogiendo una recomendación del comité de Ginebra, me parece que hay que saludarla como positiva. Tengo todavía mis reparos en relación al propio ministerio, pues no ha tenido una tradición de ser realmente firme en conflictos muy delicados, por los que han pasado algunos sectores de infancia en esta ciudad.

Como el caso de Generación, que es un tema delicado, pero también el caso de los municipios donde se dice “Aquí no hay mendigos ni niños trabajadores”, es decir, vayan a su cerro y mendiguen allá. Es la política del avestruz, con tal de que en San Isidro no haya ningún vago, estoy tranquilo y he cumplido mi misión de alcalde. Esa es una visión de país o es una visión de mi barrio y de mi cuadra. Tenemos una visión absolutamente localista y doméstica de un problema que es bastante más complejo. Y esto se vuelve más aguda cuando alcaldes vecinos unos de otros se ponen de acuerdo para establecer una especie de zona interdistrital libre de niños, niñas y adolescentes que trabajan.

Lima, 06 de noviembre de 2006